Del Concilio Vaticano II a nuestros días Los Laicos, protagonistas de la Nueva Evangelización

Hace 50 años la Iglesia se plateó un giro copernicano, una metanoia de su propia acción pastoral y de su caminar como discípula anunciadora de la Buena Noticia de la Salvación en el mundo, hace 50 años el Espíritu Santo irrumpió de manera inesperada y sorpresiva. El gran acontecimiento del Concilio Vaticano II fue este gran giro y esta metanoia, una renovación, un “aggiornamento” de la Iglesia en palabras del Beato Papa Juan XXIII quien con espíritu profético convocó a este gran Concilio Ecuménico. El CV II fue el concilio del lenguaje, con la asistencia del Espíritu Santo la Iglesia se expreso en medio de la modernidad de la época adoptando una voz fácil y amiga, la voz de la caridad pastoral. Fue el concilio que puso en el centro de la vida del creyente a la Palabra de Dios para que todos los hombres puedan acceder a ella y alimentarse no solo del pan Eucarístico sino también del pan de la Palabra; prueba de esto son las grandes reformas en la liturgia, la irrupción de las lenguas vernáculas, la renovación de la celebración de todos los Sacramentos, etc.; todo el pueblo de Dios comenzó a entender lo que se celebraba, se dio mayor lugar a la Palabra en las homilías, en las plegarias Eucarísticas, etc. La apertura a todas las vocaciones y la promoción de los laicos como pueblo de Dios fue uno de los grandes pasos de este Concilio, un pueblo receptor y dador del mensaje de salvación; diáconos permanentes, catequistas, ministros extraordinarios de la eucaristía, acompañantes espirituales y otros ministerios y vocaciones se fueron desplegando en el pueblo de Dios. La gran riqueza de este magisterio eclesial se fue desarrollando y desplegando en el transcurrir de los años siguientes; la nueva evangelización propuesta intrínsecamente por el concilio en las Constituciones Lumen Gentium (LG) y Gaudium et Spes (GS) fue luego desarrollado, explicitado y plasmado en magníficos documentos sinodales como Evangelii Nuntiandi (EN) del Papa Pablo VI en 1975 donde invito a toda la Iglesia a ser apta para el anuncio de la Buena Noticia en vísperas del III milenio. El Beato Juan Pablo II expresó que la Nueva Evangelización comenzó con el CV II y que su carta magna es Evangelii Nuntiandi. A nuestro continente americano, el impulso del CV IIy la nueva evangelización, llegó a través de las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano en Medellín (1968); Puebla (1979) y Santo Domingo (1992) principalmente a través de la promoción de los más pobres en la justicia y la equidad. El termino Nueva Evangelización se acuñó en las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano, constituyendo la recepción del CV II en el continente a través de su magisterio y del documento EN (Cfr. Eclesia in América 6).La V Conferencia del Episcopado Latinoamericano de Aparecida tuvo como hilo primordial la nueva evangelización como discípulos misioneros para que nuestros pueblos en Jesús tengan vida. El documento sinodal Christifideles Laici del Beato Papa Juan Pablo II (1988) puso de relieve el rol insustituible de mujeres y hombres laicos en el desarrollo de la nueva evangelización. Cada bautizado esta llamado a Evangelizar desde la vocación de discípulo misionero que recibió el día del Bautismo; nos dice la Constitución LG “los laicos están especialmente llamados a hacer presente y operante a la Iglesia en aquellos lugares y circunstancias en que solo puede llegar a ser sal de la tierra a través de ellos” (LG 33) La presencia de los laicos en espacios como la política, la economía, el comercio, etc., es insustituible; la presencia del laico creyente es una presencia activa y operante desde los valores del Evangelio traslucidos en sus acciones, criterios, palabras; nunca será un estar pasivos. El Papa Benedicto XVI expresa “en este momento de la historia tenemos necesidad de hombres que, a través de una fe iluminada y vivida, hagan creíble a Dios en este mundo (…) necesitamos hombres que tengan la mirada dirigida hacia Dios aprendiendo de él la verdadera humanidad; necesitamos de hombres cuyo intelecto este iluminado por Dios y a quienes Dios habla al corazón, de modo que su intelecto pueda hablar al intelecto de otros y cuyo corazón pueda abrir el corazón de los otros; solamente a través de hombres tocados por Dios, Dios podrá retornar junto a los hombres.”(Discurso de Benedicto XVI sobre la situación de Europa) La nueva evangelización consistirá en ser y estar profundamente en este mundo entre los hombres en la sociedad; desde el ser y estar del creyente, desde las vivencias cotidianas, desde el trato fraterno con los otros, desde cada decisión tomada; solo desde esta presencia del laico creyente será posible renovar los cimientos de la civilización. La sociedad necesita presencia de testigos para poder creer y transformarse en una civilización del amor donde la vida del Evangelio sea posible, donde la alegría, la cercanía y el entusiasmo se vivan como actitudes cotidianas del ser de todo hombre. El último Sínodo de los Obispos, realizado en Roma desde el 7 al 28 de octubre, tuvo como hilo de oro la Nueva Evangelización y la transmisión de la fe, algunos de los desafíos a los que intentará dar una orientación. Hay que pensarlos nuevos escenarios universales de evangelización; el inicio y afianzamiento de la primera evangelización de Asia y Oceanía, un nuevo impulso a la evangelización de Europa y de América, sabiendo que el 65 % de los católicos habitan en América, siendo también el continente con mayor población urbanizada y constituyendo la lengua castellana uno de los idiomas más hablados en la Iglesia. América latina es también un continente atípico por sus grandes desigualdades sociales, culturales y económicas, pero a la vez es el continente que realizó un camino común desde el CV II a través de las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano. La centralidad de la reflexión estará en la renovación de la transmisión de la fe en los continentes de antigua evangelización para que se constituyan en fervorosos evangelizadores de las tierras donde aun no ha llegado la Buena Noticia del Amor de Dios. Hace 50 años el Espíritu Santo irrumpió como una fuerte ráfaga de viento impetuoso, como un Pentecostés, abriendo puertas y caminos, llamando a todos a la santidad, no solo sacerdotes y religiosos, sino a todos los bautizados, a todo el Pueblo de Dios; y este Pentecostés, esta inmensa Gracia se sigue desarrollando…“Fuego he venido a traer sobre la tierra y como desearía que ya estuviera ardiendo”

Juan Manuel Romero

Bibliografía consultada: S.E.R. Mons. Rino Fisichella. Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización. “Significado teológico y pastoral de la nueva evangelización por los laicos”